Conócete a ti mismo

En el certámen filosófico, Palma Pensa, Cristina Avilés ha facilitado un taller en el Centre Flassaders titulado: Conócete a ti mismo.  Los participantes eran estudiantes de 1º de Bachillerato del IES de Son Pacs de Palma de Mallorca. 

Se trata de un taller que trata sobre autoconocimiento filosófico en el enfoque sapiencial. El objetivo es que los alumnos capten la diferencia entre el autoconocimiento psicológico y el autoconocimiento filosófico, para que puedan llegar a saborear y a vivirse desde un fondo más originario que fundamenta sus actos, pensamientos y emociones.

Nos sentamos en círculo y escriben en una hoja su nombre. Van pasando esa hoja en la que todos van escribiendo lo que cada uno ve del otro, sus características, habilidades, virtudes, defectos…lo que vaya saliendo sin marcar demasiado lo que tienen que escribir. La meta de esta primera fase, sabiendo que se conocen entre ellos,  es que cada uno tenga una docena de características que los definan. Ahora, cada uno de ellos, pule esa lista en la que tachan lo que creen no son, añaden lo que parece que falta…Revisamos entre todos ese listado y vemos que casi todo lo que se ha puesto es de índole psicológica. Salen muchos adjetivos que apuntan claramente a ello: simpático, amable, descuidado, torpe, alto, mallorquín, generoso…Nos planteamos si realmente todo ello constituye su identidad esencial. Surgen ideas nuevas y cuestiones que alimentan nuevas comprensiones y, que les llevan a pensar, más bien a sentir, que no siempre son simpáticos, descuidados, torpes…

Tampoco las características físicas parecen ser características estables que puedan dar un lugar a una identidad más profunda. Empiezan a ver que bajo esa superficie que cambia constantemente, hay algo que no cambia, que ser alto o bajo, generoso, alegre… no determina quiénes son realmente. La facilitadora les sugiere que se puede indagar mejor hacia esta dirección, si distinguimos entre quiénes somos más que en cómo somos y, que lo psicológico parece más emparentado con lo segundo. Una alumna, comenta que ella ha crecido pero no ha dejado de ser ella. Otro alumno dice que él ha cambiado mucho físicamente pero que sigue siendo él. Descansamos brevemente en esta idea que abre una puerta a la indagación introspectiva.    

La facilitadora les sugiere, en una segunda fase, que escriban ahora dos o tres cualidades que ellos crean se mantienen constantes a lo largo de su vida. Volvemos a compartir lo que ha salido. En esta ocasión, ponemos un listado en la pizarra con varias de ellas. Entre todos, vemos claramente cuáles todavía son psicológicas y cuáles apuntan a algo que es compartido entre todos los asistentes. Entre estas últimas, está la sensibilidad, todos coinciden que somos seres sensibles, que nos vemos afectados y conmovidos por lo que acontece en el mundo, por lo que nos sucede en nuestras relaciones interpersonales…Esta matización da lugar a una nueva comprensión:  la sensibilidad es una cualidad esencial de los seres humanos. Algunos apuntan que es muy diferente sentirse triste que identificarse como un ser triste…Otro dice que estar triste o contento no se corresponde con quiénes somos, parece más un estado pasajero porque no siempre estamos así. La facilitadora añade que nos podemos hacer conscientes de nuestra tristeza. Es decir, podemos atender lo que sentimos y dejar de estar sometidos e identificados con nuestras emociones. Con esta aportación se abre un breve diálogo sobre la identificación con lo que sentimos y estar atentos a lo que sentimos. Se concluye que la atención a lo que sentimos nos lleva, de nuevo, a algo más profundo de nosotros mismos.

Iniciamos una tercera fase para ahondar en el autoconocimiento de nuestra naturaleza más profundamente. Partimos, en esta ocasión, de la siguiente idea: la identidad profunda y esencial del ser humano, no se reduce, entonces a nuestros pensamientos, emociones y acciones, sino a algo más originario que fundamenta y origina estos pensamientos, emociones y acciones. En el trabajo de autoconocimiento buscamos, pues, vivirnos desde este lugar que nos trasciende y se manifiesta en nosotros. Es decir, buscamos establecernos en ese fondo lúcido más originario que nuestros estados psíquicos cambiantes. Esta vez, en una nueva hoja, después de un breve ejercicio de centramiento, escriben: YO SOY…..y, esta vez, sin pensar demasiado en ello, simplemente, se dejan llevar por lo sentido y por lo vivido en el taller, por lo que compartimos todos en esencia como seres humanos, por lo que nos une…Dibujan, colorean, ponen alguna palabra…

Hacemos un “collage” que colgamos en la sala. Lo miramos, nos miramos asombrados  delante de esa obra conjunta, tras  este  viaje de lo más superficial de nosotros que nos  ha llevado a sumergirnos un poco -que es mucho- en algo más interior, que reconocemos como más profundo, universal y transpersonal. 

Una experiencia que remite a un texto de Pierre Hadot, en una obra suya titulada La filosofía como forma de vida. Dice así: 

«En términos generales, la filosofía es el anhelo a la sabiduría y, esto tiendo a representarlo como una superación del yo parcial y personal, egocéntrico, egoísta, para alcanzar el nivel de un yo superior que ve todas las cosas desde la perspectiva de la universalidad y la totalidad que toma conciencia de sí mismo como parte del cosmos, que abarca entonces la totalidad de las cosas”.

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